jueves, 4 de julio de 2013

Madrid II - Identidad como vitalidad

Una mujer me habló la mañana del lunes. No había venido sola a este mundo, iba acompañada de otra mujer como ella. Murió, que poco original, y quedó sola nuestra mujer primigenia. Ella, que creía que juntas llegaron y juntas se irían, quedó desorientada en la vida. Lo más normal del mundo era la excepción; había venido naturalmente orientada, naturalmente acompañada, extrañamente se quedó sola. Saramago le dijo que, si bien habían sido una persona en dos cuerpos diferentes, ahora quedaban dos personas en un mismo cuerpo. Insólito, pero cierto: nuestra mujer primigenia continuó siendo ella misma, y recogió el testigo vital de su gemela. Además de insólito, meritorio que haya sido capaz de organizar dos vidas en una sola cotidianidad. Ella me habló de la identidad, y que cosa más sencilla; no lo es tanto.